El poder de la batería

Idris Muhammad es uno de los bateristas más reconocidos en el mundo del jazz/soul/funk de los setenta, y se le considera como uno de los precursores de lo que décadas después se conoció como acid jazz. En el “salón de la fama” de la batería, Idris se encuentra en la misma categoría que Jack DeJohnette o el panameño Billy Cobham. El trabajo de Leo Morris, como se le conocía antes de su conversión al islam, va desde la participación en grabaciones de éxitos del pop como “Killing me softly”, de Roberta Flack, hasta clásicos del jazz como “Blueberry hill”, de Fats Domino. En algún momento de su carrera, el oriundo de Nueva Orleans, fue integrante de la banda que musicalizaba la obra de Broadway, Hair y estuvo de gira con Emerson, Lake & Palmer.

Un corazón lleno de soul

Un corazón lleno de soul

Power of Soul fue editado por la legendaria CTI Records, que en algún momento contaba en su roster con nombres como Antonio Carlos Jobim, Stanley Turrentine, George Benson, Eumir Deodato, Ray Barreto y Yusef Lateef entre otros. Todos los anteriores bajo la tutela de uno de los productores que revolucionó las grabaciones de jazz: Creed Taylor, cuya historia merece una entrega aparte.

Es este el disco debut de Idris Muhammad como líder de banda, y vaya banda que ensambló para esta entrega: Bob James en los teclados, Grover Washington Jr. en el saxofón y Joe Beck en la trompeta. Curiosamente, los nombres mencionados aún no lograban el reconocimiento que años después adquirirían por sus trabajos como solistas. Los arreglos corrieron a cargo de Bob James, quién a la larga se convertiría en uno de los músicos más sampleados en el hip-hop.

El disco abre con la pieza titular, y es una reinterpretación de la original de Jimi Hendrix. Durante los siete minutos que dura podemos escuchar un funk alimentado por el saxofón de Washington y el teclado de Bob James. La guitarra es, desde luego, otro elemento indispensable para lograr la estética funky tan en boga por aquellos días. Muhammad se desempeña en la batería magistralmente, y aunque no se entromete en los solos de teclado y saxofón, sí les muestra el camino por dónde ir.

La segunda canción es “Peace of Mind”, un buen ejemplo de lo que por aquellos días se empezó a conocer como smooth jazz y que hace un par de décadas inspirara una exitosa cruzada en nombre del acid jazz con los Brand New Heavies a la cabeza. El tercer y penúltimo track es “The Saddest Thing”, que se empalma perfectamente con el anterior y es uno de esos temas de los que CTI hizo a montones: jazz radiofónicamente amigable, no por su duración pero sí por su armonía.

“Loran’s Dance” es el último corte del álbum, para muchos el mejor, y es también una de las primeras composiciones de Grover Washington Jr. Honestamente, yo me quedo con el track que le da título a la placa. “Loran’s Dance” es una pieza en la cual destacan la guitarra y el saxofón, de nuevo ungidos por Muhammad en los breaks de batería.

El álbum solo dura treinta y cuatro minutos y es un disco que en su momento no recibió el crédito que merece. Hace algunos años, Epic lo re editó en disco compacto y hubo un breve frenesí por el trabajo de Muhammad. Sus colaboraciones con Lou Donaldson, Grant Green o Freddie Hubbard están bien documentadas. Sí bien es de consenso general la calidad de la obra de Muhammad, este sigue siendo un personaje que se movió tras bambalinas durante la explosión del jazz comercial. Para aquellos buscadores de discos de CTI Records, este es un disco indispensable en su colección.

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