Charlaba con una quimera cuando salió al tema la derrota mediática de los Beach Boys ante la Invasión Inglesa. Aunque hoy no podemos imaginar los sesenta sin sus armonías, y la fastuosa instrumentación ideada por Brian Wilson, las listas de popularidad no siempre fueron justas con el combo de Hawthorne, no así con grupos que presentaban “melenas” y actitudes irreverentes.
Era 1964 y los de California comenzaban a despuntar artísticamente gracias a un Brian Wilson ensimismado en el trabajo de Phil Spector y en los servicios del Wrecking Crew. Pero a pesar de su brillante aproximación al Muro de Sonido, el cerebro de los Beach Boys carecía de un frontman que pudiera competir con el huracán de carisma procedente del archipiélago isabelino.
El problema nació con el grupo, que desde un principio padeció la férrea conducción de Murry Wilson. El responsable de que Brian “escuche en mono” fue el primer manager y productor de la banda, y aunque no podemos obviar el empuje que dio a sus protegidos, tampoco se puede eludir su estresante papel en el desarrollo de los Beach Boys.
Fue él quien uniformó a los chicos con una imagen “sana y feliz,” léase ñoña, y quien hizo las veces de inquisidor con las de por sí virginales piezas de la mancuerna Wilson-Love. Cuenta la leyenda (o sea, la Wikipedia) que el buen Murry encontraba “Fun, Fun, Fun” inmoral. Claro, una muchacha que lleva el coche de su padre a un puesto de hamburguesas merece compartir celda en el infierno con Elba Esther Gordillo.
Dejemos, por ahora, descansar al padre de Brian, Carl y Dennis en paz, y fijémonos en su sobrino: Mike Love. Primero, lo positivo. Musicalmente, tenía tantas limitaciones como Dennis, pero tenía la habilidad de escribir versos adorables y que, al menos durante la primera etapa del grupo, se adecuaban como guante a las cándidas composiciones de su primo.
Antes de que Brian lo reemplazara con personalidades como Tony Asher y Van Dyke Parks, Mike Love surtió generosamente a los Beach Boys con sus letras de amor y aventuras en la playa, y entonaba muchas de ellas con su indiscutible sello nasal, o bien, como bajo en el torrente vocal de sus compañeros.
Sí, a la hora de componer y de meterse al estudio, Mike era un Beach Boy ejemplar, pero era un lastre cuando se trepaba al escenario. Dejemos que la imagen nos ahorre otras 356 palabras:
¿Qué podían hacer los Beach Boys (a pesar de la gloriosa “Don’t Worry, Baby”) frente a las trastadas de Mick Jagger, Ray Davies o John Lennon (recordemos esta chulada)? El ri-dí-cu-lo. No es que los otros Beach Boys fueran precisamente atrevidos a la hora de presentarse, al contrario. Ninguno parecía saber cuál era su labor frente a la cámara, o cómo sobrellevar el playback. No los podemos culpar, pues orientarlos en esos aspectos era labor del manager, que por desgracia era el apretado Murry Wilson, sicario de la diversión.
Ante la justificable torpeza de sus compañeros, toda la responsabilidad caía en Mike Love por dos razones: primera, llevaba, junto a Brian, la primera línea vocal de casi todo el repertorio del grupo y segunda, al no tocar ningún instrumento (de vez en cuando hacía un esfuerzo con el saxofón y luego con el Theremin) tenía que usar su cuerpo como medio de expresión.
El resultado, como se puede apreciar ad nauseam en YouTube, era una chorrada, pues sus bailes y ademanes eran peores que los de Pedrito Fernández en su anormalmente extensa filmografía.
Sí, eran otros tiempos y lo que hoy resulta vergonzoso ayer pudo ser encantador, pero por algo los Beach Boys tuvieron tan pocos impactos en los charts (apenas cuatro sencillos en el primer lugar de las listas estadounidenses entre 1961 y 1996). Definitivamente no era una cuestión musical, pues el tiempo ha demostrado que la manufactura del quinteto era tan buena como la de cierto cuarteto, independientemente de sus tendencias y de sus cosechas.
Era una cuestión de actitud, y en ese sentido, los grupos británicos cruzaron el atlántico sobrados. La única excepción fue la de los Zombies, quienes naufragaron en el corto plazo por los mismos motivos que sus colegas californianos: eran, mejor dicho, parecían unos ñoños.
Afortunadamente, la insuficiencia de los Beach Boys en directo o en los estudios de televisión no ha sido un escollo para su legado, el cual se aprecia cada día más. Olvidemos, pues, a las quimeras y quedémonos con la boyante discografía de la banda americana por antonomasia.








One Comment
Hola: Respeto el articulo y coincido en que los beach boys como banda definitivamente estarian debajo de los fab four, pero un musico como Brian Wilson gracias a su enorme TALENTO se encuentra actualmente en ese parnaso musical con otros contemporaneos suyos como Mccartney, Lennon, Clapton, Dylan y siguen firmas… Como no estarlo gracias al Pet Sounds y al Smile, ese disco que costo 37 años para terminarlo… puedo nombrar mas cosas pero esas dos joyas musicales lo ponen quizas muy por delante de todos… Gracias señor por dejar que el Mozart del Pop siga haciendo musica… ese Mozart llamado Brain Wilson…