No suelo involucrarme con la música que ambienta los comercios, pues generalmente se trata de electrónica caduca o de sencillos de nauseabunda repetición. Incluso en las tiendas de discos, es raro que me sienta atraída a la selección del día, salvo dos excepciones. La primera ocurrió a principios de año, cuando un viaje de trabajo me llevó a la sucursal angelina de Amoeba. Allí sonaba Sounds of She, una espléndida recopilación de psicodelia femenina que, seguramente, nos ocupará otro día.
La segunda excepción tuvo lugar el sábado pasado, esta vez en un negocio de entretenimiento del “establishment” galo. Buscaba un obsequio cuando reparé en el sonido local, que constaba de pocos acordes, vocales ácidas y una actitud desentendida. En principio, el combo me recordó a los pinitos de los Moldy Peaches, pero luego vinieron referencias más sólidas, y es que un sutilísimo aire a los Cramps emanaba de las bocinas que reproducían Ribbon of Fear, un álbum empacado con humildad, pero confeccionado con ponzoña.
Ya en casa, pude comprobar que el flamante esfuerzo de Hornet Leg (natural de Portland) es una afortunada contribución al “garage revival.” Es cierto que no presenta ninguna innovación a dicha movida, pero su manufactura es tan buena que merece mucha atención.
Las catorce pistas que llenan los 37 –y pico- minutos del disco son obra de Christopher Sutton, Bob Desaulniers y Robert Comitz, quienes recibieron el apoyo de Sydney Roth, James Maeda, Olvia Ness, un tal Gabe y Erin Schmith. Puede que los nombres no digan mucho, pero también es probable que los más ortodoxos tengan señas del prolífico Calvin Johnson, compañero de Sutton en Dub Narcotic Sound System; otrora integrante de The Go Team (no confundir con The Go! Team), Beat Happening, Cool Rays y The Halo Benders; fundador de K Records y encargado de registrar Ribbon of Fear.
El álbum es maravillosamente crudo y honesto, como si se tratara de una presentación en directo de la banda (en algún foro como el Alicia). No hay overdubs ni accesorios que debiliten la esencia punk/garage de joyitas como “My Baby” o “This Song Is Wrong,” canciones que suenan familiares, pero que no dejan de ser vibrantes.
Que Ribbon of Fear sonara en plena fnac –en sábado por la tarde- debió ser la travesura de algún dependiente cansado de Muse, Pearl Jam, Depeche Mode y otros colosos que este año han saturado los corredores comerciales con sus clichés (oh, Bellamy, perdóname).Ojalá que pronto lo hagan gerente.



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